![]() | Tan prolongada presencia humana en el territorio ha legado un rico y atractivo patrimonio cultural que incluye una amplia gama de recursos. De los períodos paleolítico y neolítico se conservan pinturas rupestres en la Cueva del Reguerillo (Patones) y numerosos yacimientos arqueológicos que han surtido de numerosas piezas a museos regionales y nacionales. De la presencia romana apenas quedan vestigios materiales, destacando la probable existencia de una calzada romana que subía a Uceda, pasando por el Puente de Hierro en Torremocha, en el que aun se conservan los estribos primitivos en los puntales. La presencia musulmana nos lega el nombre del río Jarama, y una rica toponimia, además de la atalaya de El Vellón y la de Torremocha de Jarama llamada “El Torreotón”, ambas edificaciones de construcción cilíndrica de mampostería de piedra autóctona, que formaban parte del sistema defensivo de la Marca Media, herramientas y utensilios de uso agrícola, elementos orientados al aprovechamiento agrario del agua como restos de molinos y acequias en gran parte responsable del paisaje agrícola de la vega del Jarama.
Las actividades agrícolas y sobre todo ganaderas desarrolladas por la sociedad local durante siglos han legado un diverso y rico patrimonio etnográfico y arquitectónico conformado por una tupida red de vías pecuarias (cañadas, coladas y cordeles), cabañas de pastores dispersas en el territorio, construcciones agropecuarias singulares como las “eras”, las “cochiqueras” y los “tinados” y “arrenes” de Patones de Arriba y de El Atazar, así como numerosas costumbres, mitos y leyendas (Leyenda de la Cueva de la Mora en El Vellón, o la Leyenda del Reino de Patones). La calidad de este patrimonio ha sido reconocida por la Comunidad de Madrid mediante la declaración de Bien de Interés Cultural del Conjunto Histórico de Patones de Arriba en 1999. Patones de Arriba constituye, de hecho, uno de los mejores ejemplos de arquitectura vernácula de la Comunidad de Madrid. El núcleo conserva su trama urbana y su parque de edificios originales construidos con materiales y técnicas populares. Todo ello recrea una recrea un escenario de gran belleza que proporciona un marco sosegado donde parece que el tiempo se detuvo en un momento indeterminado de la historia.
Los núcleos de población de los cinco pueblos, pese a sufrir transformaciones en los últimos años, también conservan las estructuras propias de núcleos rurales donde la tranquilidad y la estética tradicional proporcionan numerosos rincones para la relajación y la contemplación. Junto a este patrimonio, el hecho diferenciador de la Mancomunidad emana de la presencia de una importante red de infraestructuras orientada históricamente al aprovechamiento del principal recurso del territorio: el agua. Junto a numerosas infraestructuras hidráulicas como presas, sifones, canales y acueductos, destacan la presa de El Atazar, y los azudes del Pontón de la Oliva, Navarejos y La Parra en Patones, el Canal de Cabarrús que transcurre por Patones, Torremocha y Torrelaguna, o el Puente de Hierro sobre el río Jarama, en las proximidades de Torremocha, emplazado en un bello paisaje definido por el bosque de galería que crece a ambos márgenes del rio. |


La llegada de los cristianos, que supuso la estabilización geopolítica del territorio, el incremento de la población y el desarrollo de la agricultura y la ganadería, dio paso a la construcción de edificios religiosos como: la ermita mudéjar de la Virgen de la Oliva en Patones, o las iglesias S. Pedro en Redueña y Torremocha, y de la Asunción en El Vellón.